Quiste coloide del tercer ventrículo

Quiste coloide del tercer ventrículo: Descripción general

Un quiste coloide del tercer ventrículo es un tipo específico de saco no canceroso (benigno), recubierto de epitelio y lleno de líquido, que ocurre casi exclusivamente en una ubicación característica dentro del sistema ventricular del cerebro. Estos quistes representan aproximadamente entre el 0,5 y el 2 por ciento de todos los tumores intracraneales primarios y son responsables de entre el 15 y el 20 por ciento de las masas intraventriculares [1, 2]. Aunque histológicamente son benignos (Grado I de la OMS), lo que significa que no invaden el tejido circundante ni hacen metástasis, su ubicación crítica puede provocar complicaciones graves e incluso potencialmente mortales debido a la obstrucción de las vías del líquido cefalorraquídeo (LCR). Se diagnostican con mayor frecuencia en adultos, normalmente entre los 20 y los 50 años (pico en las décadas 3.ª y 4.ª), aunque pueden encontrarse de manera incidental o presentar síntomas a cualquier edad.

Los quistes coloides generalmente se consideran congénitos, lo que significa que probablemente estén presentes desde el nacimiento, aunque pueden crecer lentamente con el tiempo. Su origen es objeto de debate, pero se cree que se relaciona con un plegamiento anormal del neuroepitelio primitivo durante el desarrollo, posiblemente derivado de restos de la paráfisis (una estructura embrionaria cerca del techo del diencéfalo) o de células endodérmicas desplazadas [3]. Se han documentado casos familiares, lo que sugiere un posible, aunque raro, patrón de herencia autosómico dominante en algunas familias [4].

La Tomografía computarizada (TC) del cerebro muestra un quiste coloide típicamente redondo, bien definido e hiperdenso (más brillante que el cerebro), ubicado estratégicamente en el tercer ventrículo anterior, cerca de los agujeros de Monro. Obsérvese el consiguiente y significativo agrandamiento (dilatación) de los ventrículos laterales debido a la hidrocefalia obstructiva. Este bloqueo del flujo de salida del LCR es una causa común de dolores de cabeza y aumento de la presión intracraneal resultantes de los quistes coloides.

Patológicamente, un quiste coloide consiste en una cápsula fibrosa externa delgada, recubierta internamente por una sola capa de células epiteliales (que varían de cuboidales simples a cilíndricas, ocasionalmente ciliadas o secretoras de mucina) [5]. Estas células secretan el contenido del quiste: típicamente un material espeso, viscoso, gelatinoso, proteínico, rico en mucina y glicoproteínas, que en ocasiones contiene productos de degradación sanguínea antigua (hemosiderina), cristales de colesterol o detritos celulares. Este contenido denso y rico en proteínas es en gran parte responsable de su característico aspecto hiperdenso en la TC y de la señal a menudo hiperintensa en la RM ponderada en T1. La ubicación distintiva del quiste está en la parte anterosuperior del tercer ventrículo, adherida al techo (tela coroidea/plexo coroideo) y situada de forma estratégica cerca de, o directamente dentro de, los agujeros de Monro, los canales estrechos que conectan cada ventrículo lateral con el tercer ventrículo.

Esta ubicación precisa es crítica porque incluso quistes relativamente pequeños (a menudo de 1-2 cm) pueden actuar como una válvula de bola, bloqueando intermitente o completamente el flujo del líquido cefalorraquídeo (LCR) desde uno o ambos ventrículos laterales hacia el tercer ventrículo, lo que lleva a hidrocefalia obstructiva y al aumento de la presión intracraneal (PIC).

Síntomas del quiste coloide

Muchos quistes coloides (~50% o más en algunas series) se descubren accidentalmente en imágenes cerebrales realizadas por otros motivos y permanecen asintomáticos a lo largo de la vida [6]. Sin embargo, cuando se presentan síntomas, estos están principalmente relacionados con la obstrucción intermitente o persistente del flujo de LCR en los agujeros de Monro, lo que lleva a hidrocefalia y a signos/síntomas de aumento de la presión intracraneal (PIC).

El síntoma de presentación más común es el dolor de cabeza (~60-70% de los casos sintomáticos) [7]. Este dolor de cabeza se describe a menudo como:

  • Grave y episódico, en lugar de constante al principio.
  • A veces dependiente de la posición (característicamente empeora al acostarse bocarriba o con movimientos específicos de la cabeza que podrían hacer que el quiste se desplace y bloquee agudamente el flujo de LCR, aunque la cefalea postural no está siempre presente).
  • En ocasiones repentino y extremadamente intenso ("cefalea en trueno"), imitando una hemorragia subaracnoidea, potencialmente debido a un bloqueo agudo.
  • Puede asociarse con náuseas y vómitos, que también son signos clásicos de PIC elevada.

El plexo coroideo, situado dentro de los ventrículos cerebrales, se encarga de producir líquido cefalorraquídeo (LCR). La obstrucción del flujo de salida del LCR desde los ventrículos laterales en los agujeros de Monro por un quiste coloide provoca la acumulación de líquido (hidrocefalia) y un aumento de la presión dentro de los ventrículos.

Otros posibles síntomas neurológicos relacionados con la hidrocefalia o con efectos directos de la presión incluyen:

  • Alteraciones visuales: Visión borrosa, oscurecimientos visuales transitorios (atenuación o apagón breve) o visión doble (diplopía por parálisis del VI par craneal debido a la elevación de la PIC). El papiledema (inflamación de los discos ópticos que se observa en la fundoscopia) es un signo clave de PIC alta sostenida y puede conducir a atrofia óptica secundaria y pérdida permanente de la visión si no se trata.
  • Alteración de la marcha: Dificultad para caminar, inestabilidad, falta de equilibrio o ataxia. Forma parte de la tríada clásica (con demencia e incontinencia) que se observa en la hidrocefalia de presión normal, la cual a veces puede ser imitada o causada por una obstrucción parcial crónica.
  • Cambios cognitivos: Deterioro de la memoria (especialmente de la memoria a corto plazo, potencialmente relacionado con la presión sobre los fórnices que corren cerca de los agujeros de Monro), disminución de la concentración, confusión, cambios de personalidad, apatía, letargo o alteración del estado mental.
  • Náuseas y vómitos: Principalmente debido al aumento de la PIC.
  • Mareos o vértigo.
  • Convulsiones: Poco frecuentes, pero pueden ocurrir, posiblemente debido a efectos de presión o hidrocefalia.
  • "Ataques de caída" (Drop Attacks) repentinos: Episodios raros pero reconocidos de pérdida abrupta del tono postural que causan caídas sin pérdida del conocimiento, posiblemente relacionados con una hidrocefalia aguda que causa disfunción transitoria del tronco encefálico.
  • Síntomas de disfunción hipotalámica: Muy raros, requiere quistes grandes que presionen inferiormente; podrían incluir cambios endocrinos o alteraciones autonómicas.
Comprender la compleja anatomía venosa que rodea los ventrículos, incluyendo las venas cerebrales profundas como las venas cerebrales internas y la vena de Galeno, ubicadas cerca del agujero de Monro y el techo del tercer ventrículo, es crucial para planificar abordajes quirúrgicos seguros para los quistes coloides y evitar lesiones vasculares.

La complicación más temida es la hidrocefalia obstructiva aguda. Esto puede ocurrir de manera repentina e impredecible si el quiste bloquea completamente ambos agujeros de Monro ('mecanismo de válvula de bola'). Esto constituye una emergencia neurológica que se presenta con dolor de cabeza repentino e intenso, vómitos precipitados, rápida disminución del nivel de conciencia (estupor, coma), posible dilatación pupilar (compresión del III par craneal por herniación), posturas anómalas, bradicardia, hipertensión (respuesta de Cushing) y un riesgo significativo de hernia cerebral (por ejemplo, hernia transtentorial comprimiendo el tronco encefálico). En casos raros (~3-11% de los casos sintomáticos en series más antiguas), esta obstrucción aguda puede llevar a la muerte súbita, presumiblemente debido a la compresión aguda del tronco encefálico afectando los centros cardiorrespiratorios vitales, o tal vez por presión directa en los centros hipotalámicos [8, 9].

La hidrocefalia obstructiva aguda causada por un quiste coloide puede llevar a varios tipos de síndromes de herniación cerebral potencialmente mortales (p. ej., hernia uncal, central, amigdalina) si la presión intracraneal aumenta rápidamente y sin control, comprimiendo estructuras vitales del tronco encefálico.

Diagnóstico diferencial del quiste coloide

Aunque los quistes coloides tienen una ubicación sumamente característica (techo del tercer ventrículo anterior, cerca de los agujeros de Monro) y a menudo características típicas en las imágenes, otras lesiones pueden ocurrir ocasionalmente en esta región, lo que requiere tenerlas en cuenta en el diagnóstico diferencial, especialmente si las imágenes son atípicas.

Tabla de Diagnóstico Diferencial de las Lesiones del Tercer Ventrículo Anterior / Agujero de Monro

Condición Características clave / Puntos distintivos Hallazgos típicos en las imágenes (RM, a menos que se especifique lo contrario)
Quiste Coloide Ubicación clásica (techo anterior del 3er ventrículo @ agujero de Monro). Usualmente adultos (20-50). Síntomas de hidrocefalia intermitente (cefalea +/- postural). Benigno. Bien definido, redondo. A menudo hiperdenso en TC. RM: T1 hiperintenso (~60-70%), T2 variable (a menudo hipointenso). Sin realce significativo. Sin restricción de la difusión. +/- Hidrocefalia.
Papiloma/Carcinoma del plexo coroideo Surge del plexo coroideo. Papiloma (OMS I) más común en niños (trígono del ventrículo lateral); Carcinoma (OMS III) más raro. Puede presentarse en el 3er ventrículo. A menudo causa hidrocefalia (sobreproducción u obstrucción). Masa intraventricular lobulada, con aspecto "de fronda". T1 iso/hipo, T2 iso/hiper. Realce intenso, a menudo homogéneo. Es posible calcificación/hemorragia.
Subependimoma Benigno (OMS I), tumor glial de crecimiento lento de la zona subependimaria. A menudo adultos mayores (>40). Común cerca del agujero de Monro (también 4º ventrículo). A menudo incidental o causa hidrocefalia si es grande. Masa intraventricular lobulada, a menudo unida al septum pellucidum/pared. T1 hipo/iso, T2 marcadamente hiperintenso. Típicamente realce de contraste mínimo o nulo. Es posible encontrar pequeños quistes/calcificación/hemorragia.
Neurocitoma central Tumor neuronal raro (OMS II). Adultos jóvenes (20s-40s). Generalmente en el ventrículo lateral cerca del agujero de Monro, a menudo adherido al septum pellucidum, puede involucrar/extenderse al 3º. La hidrocefalia es común. A menudo masa intraventricular lobulada con componentes quísticos (aspecto "burbujeante"). T1 iso, T2 iso/hiper. Realce moderado, frecuentemente heterogéneo. Calcificación frecuente (~50%).
Astrocitoma subependimario de células gigantes (SEGA) Tumor benigno (OMS I), patognomónico del Complejo de Esclerosis Tuberosa (CET). Niños/jóvenes adultos. Surge cerca del agujero de Monro de la pared ventricular. La hidrocefalia progresiva es la presentación habitual. Masa bien definida cerca del agujero de Monro, a menudo >1cm. T1 iso/hipo, T2 iso/hiper (variable). Realce intenso con contraste. Calcificación común. Buscar otros estigmas de CET (tuberosidades corticales, nódulos subependimarios).
Meningioma intraventricular Raro (<5% de los meningiomas). Surge de las células de la aracnoides dentro del plexo coroideo o la tela coroidea. Por lo general, trígono del ventrículo lateral, pero puede ocurrir en el 3º. Adultos, M>H. Masa intraventricular lobulada y bien definida. T1/T2 isointenso respecto a la sustancia gris. Realce intenso, generalmente homogéneo. Puede tener calcificación. Sin conexión con la duramadre.
Craneofaringioma (Extensión intraventricular) Principalmente tumor supraselar, pero el tipo adamantinomatoso (niños) puede extenderse superiormente al 3er ventrículo. Síntomas visuales/endocrinos son comunes. Masa compleja sólida y quística (a menudo T1 brillante por proteínas/colesterol) con calcificación (mejor con TC) y realce nodular/en anillo. El epicentro suele ser supraselar.
Quiste Epidermoide Quiste de inclusión congénito que contiene detritos de queratina. Raro en el 3er ventrículo, más común en APC/supraselar. De crecimiento lento. Masa lobulada, se insinúa en los espacios del LCR. T1 hipo, T2/FLAIR hiper (similar al LCR pero ligeramente "sucio"). La difusión restringida (DWI brillante, ADC oscuro) es la característica de diagnóstico clave. Realce mínimo/nulo (posible anillo delgado).
Aneurisma de la punta de la basilar Un gran aneurisma en la parte superior de la arteria basilar puede proyectarse hacia arriba, hacia la cisterna interpeduncular/suelo del 3er ventrículo. Riesgo de HSA. La RM puede mostrar un vacío de flujo, señal compleja con trombo. ARM/Angio-TC/ASD confirma la naturaleza vascular y define la anatomía del aneurisma.
Neurocisticercosis (Intraventricular) Quiste parasitario (fase larval de la tenia Taenia solium). Puede alojarse libremente o adherirse en el 3er ventrículo (o 4º/lateral), causando hidrocefalia obstructiva. Relevante historia en área endémica. El aspecto varía con el estadio. Estadio vesicular: quiste de paredes delgadas, señal del LCR, a menudo contiene un pequeño escólex con realce (punto), realce mural mínimo/nulo. Estadios de degeneración (coloidal, granular) muestran realce en anillo y edema.
Quiste aracnoideo (Supraselar, con extensión al 3er ventrículo) Quiste congénito lleno de LCR. Puede ocurrir en la cisterna supraselar y extenderse hacia arriba, pudiendo obstruir los agujeros. Generalmente asintomático a menos que sea grande. Quiste bien definido que sigue la intensidad de señal del LCR en TODAS las secuencias (T1 bajo, T2 alto, FLAIR suprimido). Pared delgada, imperceptible, sin realce de contraste, sin restricción a la difusión. Desplaza estructuras adyacentes.

Comprender las vías normales de circulación del líquido cefalorraquídeo (LCR), incluyendo el flujo a través de los agujeros de Monro desde los ventrículos laterales al tercer ventrículo, es esencial para comprender cómo las lesiones como los quistes coloides causan obstrucción e hidrocefalia consecuente.

El análisis cuidadoso de las características de las imágenes (ubicación precisa, forma, intensidad de señal en diferentes secuencias de RM, especialmente T1 pre-contraste, T2, FLAIR, DWI, presencia/patrón de realce) combinado con la presentación clínica y los datos demográficos del paciente suele permitir la diferenciación segura de los quistes coloides respecto a estas otras posibilidades.

Apariencia típica de un quiste coloide del tercer ventrículo en una RM cerebral: una lesión redondeada y bien definida, ubicada en el agujero de Monro, característicamente hiperintensa en imágenes ponderadas en T1 (señal brillante, como se muestra aquí) y a menudo hipointensa o isointensa en secuencias T2/FLAIR (no se muestran), usualmente sin realce significativo del contraste. La hidrocefalia asociada que causa dolor de cabeza es común [1].

Diagnóstico del quiste coloide

Las neuroimágenes son la piedra angular para diagnosticar quistes coloides. Estos quistes tienen características típicas tanto en la TC como en la RM que generalmente permiten un diagnóstico certero.

  • Tomografía Computarizada (TC): En las exploraciones por TC sin contraste, los quistes coloides típicamente aparecen como masas bien circunscritas, redondas u ovaladas, situadas en la posición clásica en el tercer ventrículo anterior, cerca de los agujeros de Monro. Son característicamente hiperdensos (apareciendo más brillantes que el tejido cerebral circundante) en alrededor de dos tercios de los casos debido a su alto contenido en proteínas y colesterol [1]. En el tercio restante, pueden ser isodensos o, raramente, hipodensos con respecto al cerebro. La calcificación dentro del quiste es poco común. Tras la administración de contraste, normalmente no hay un realce significativo del quiste en sí, aunque en ocasiones se observa un realce periférico fino y tenue de un plexo coroideo desplazado o una cápsula comprimida. La TC demuestra fácilmente la presencia y el grado de la hidrocefalia asociada (agrandamiento de los ventrículos laterales).
  • Resonancia Magnética (RM): La RM proporciona un detalle superior de los tejidos blandos y se considera la modalidad de elección para caracterizar los quistes coloides y su relación con las estructuras adyacentes [10]. Las características de la señal pueden variar según la composición específica (estado de hidratación, concentración de proteínas, colesterol, iones paramagnéticos como el manganeso) del contenido del quiste:
    • Imágenes ponderadas en T1: Lo más frecuente es que aparezcan hiperintensas (brillantes) en relación al parénquima cerebral (~60-70% de los casos), un rasgo distintivo clave. Sin embargo, también pueden ser isointensas o hipointensas, en especial si son menos proteínicas.
    • Imágenes ponderadas en T2: La intensidad de la señal es muy variable y menos predecible. Muchos son hipointensos (oscuros) en relación con el tejido cerebral y el LCR, lo que se cree que se debe a la naturaleza espesa y gelatinosa de su contenido. No obstante, también pueden ser isointensos o hiperintensos (brillantes). Esta variabilidad en ocasiones dificulta el diagnóstico basándose solo en T2.
    • Imágenes FLAIR (Fluid-Attenuated Inversion Recovery): La señal también es variable, a menudo reflejando la intensidad en T2 pero suprimiendo la señal del LCR circundante. La secuencia FLAIR es excelente para visualizar el sutil edema periventricular (señal brillante adyacente a los ventrículos) indicativo de flujo transependimario del LCR en la hidrocefalia aguda o subaguda.
    • Imágenes potenciadas por difusión (DWI): Los quistes coloides no suelen presentar restricción de la difusión (es decir, no son brillantes en la DWI ni oscuros en los mapas ADC), lo cual ayuda a diferenciarlos de lesiones que contienen material altamente celular o pus viscoso como los quistes epidermoides o abscesos.
    • Realce de contraste (Gadolinio): Los quistes coloides por sí mismos son avasculares y por lo general no se realzan internamente. Un borde periférico fino y liso de captación podría verse a veces, lo que probablemente representa plexo coroideo comprimido que se realza o una delgada cápsula fibrosa reactiva, pero un realce prominente o nodular debería levantar sospechas de un diagnóstico alternativo [11].
    La RM delinea claramente la ubicación exacta del quiste respecto a los agujeros de Monro, los fórnices (cruciales para la memoria), las venas cerebrales internas, el tálamo y el hipotálamo, y evalúa con precisión el grado de dilatación ventricular lateral (hidrocefalia).
  • Angiografía cerebral (Angio-TC/ARM/ASD): Generalmente no es requerida para el diagnóstico de quistes coloides típicos, pero puede considerarse para descartar lesiones vasculares como un aneurisma en la punta de la basilar si el aspecto radiológico en la TC/RM estándar es atípico o no concluyente.

La combinación de la ubicación clásica (línea media, techo del tercer ventrículo anterior en los agujeros de Monro), la típica hiperdensidad en la TC sin contraste, las características de intensidad de señal en la RM (a menudo T1 brillante, T2 oscuro/variable, no realzado, sin restricción en la difusión), y la presencia de hidrocefalia asociada permiten generalmente un diagnóstico radiológico altamente fiable de un quiste coloide.

Comprender la anatomía de los ventrículos cerebrales, incluida la ubicación del tercer ventrículo (3V), los agujeros de Monro emparejados que lo conectan a los ventrículos laterales (LV), y las estructuras circundantes como el fórnix (F) y el tálamo (Th), tal como se muestra en estos cortes de RM del cerebro, es crucial para interpretar los hallazgos en las imágenes y planificar los abordajes quirúrgicos en casos de quistes coloides.

En casos raros en los que las imágenes no invasivas son atípicas para un quiste coloide, la imagen vascular como la angiografía cerebral (Angio-TC, ARM o ASD convencional como se muestra aquí) es importante para diferenciarlo de manera concluyente respecto de lesiones vasculares como un gran aneurisma de la punta de la arteria basilar, que puede simular una masa que se proyecta hacia arriba en la región del tercer ventrículo.

Tratamiento del quiste coloide

La estrategia de manejo para un quiste coloide depende principalmente de la presencia y la gravedad de los síntomas, del tamaño del quiste, del grado de hidrocefalia asociada y de factores específicos del paciente como la edad y la salud general. Las opciones de tratamiento van desde la observación hasta la intervención quirúrgica [12].

  • Quistes Asintomáticos: Los quistes coloides pequeños (< 1,0 cm), descubiertos incidentalmente sin evidencia de hidrocefalia pueden manejarse de forma conservadora con neuroimagen seriada (preferiblemente RM) para monitorizar su estabilidad, por lo general cada 6-12 meses al principio, y luego con menor frecuencia si se mantienen estables [7, 6]. Sin embargo, debido al riesgo pequeño pero real (riesgo debatido de ~0-1% por año) de un deterioro neurológico repentino o muerte incluso con quistes previamente asintomáticos, algunos centros abogan por la resección quirúrgica profiláctica, en especial si el quiste es de mayor tamaño (p.ej., >1,0-1,5 cm) o si el paciente es joven y tiene una larga esperanza de vida. El manejo óptimo de los quistes asintomáticos sigue siendo objeto de debate, y la decisión exige una discusión cuidadosa entre el paciente y el equipo de neurocirugía respecto a los riesgos y beneficios [13].
  • Quistes Sintomáticos: Los pacientes que experimentan síntomas claramente atribuibles al quiste coloide (por ejemplo, cefaleas características de PIC elevada, cambios visuales con papiledema, problemas cognitivos, hidrocefalia documentada) requieren por lo general tratamiento definitivo, que normalmente consiste en la extirpación quirúrgica.
  • Hidrocefalia Aguda: Los pacientes que se presentan con hidrocefalia obstructiva aguda y un rápido deterioro neurológico requieren un manejo de emergencia. Esto suele implicar la colocación inmediata de un drenaje ventricular externo (DVE) para aliviar la presión intracraneal peligrosamente alta mediante el drenaje externo de LCR. Una vez estabilizado el paciente, la extirpación definitiva del quiste suele realizarse de forma urgente o semi-urgente.

Opciones de Tratamiento Neuroquirúrgico para los Quistes Coloides:

  • Resección Endoscópica: A menudo se considera hoy el enfoque de primera línea mínimamente invasivo para muchos quistes coloides [14]. Realizada a través de un pequeño orificio de trépano y un trayecto hacia el ventrículo lateral, un endoscopio (un tubo delgado con una cámara y canales de trabajo) se guía hasta el agujero de Monro. Los instrumentos introducidos por el endoscopio se usan para abrir la pared del quiste, aspirar el contenido espeso y luego extraer o coagular los restos de la pared quística. Las ventajas incluyen una incisión más pequeña, menor retracción cerebral, una estancia hospitalaria potencialmente más corta y eficacia en el alivio de la hidrocefalia. La extirpación completa de la pared del quiste puede ser a veces un reto por vía endoscópica, lo que conlleva un pequeño riesgo de recurrencia, aunque las tasas son por lo general bajas en cirujanos experimentados.
  • Resección Microquirúrgica (Craneotomía abierta): Implica una craneotomía formal (apertura del cráneo) para acceder al tercer ventrículo. Los enfoques comunes incluyen:
    • Abordaje Interhemisférico Transcalloso: Accediendo al techo del tercer ventrículo dividiendo cuidadosamente el cuerpo calloso (las fibras que conectan los dos hemisferios cerebrales) en la línea media. Proporciona una amplia visualización del quiste, los fórnices y las venas cerebrales internas, facilitando la extirpación completa del quiste y su pared. Muchos lo consideran el método de referencia (gold standard) para lograr una resección completa, sobre todo en quistes grandes.
    • Abordaje Transcraneal Transcortical: Accediendo al ventrículo lateral mediante una pequeña incisión en la corteza cerebral (a menudo en el lóbulo frontal no dominante) para navegar después por el agujero de Monro hasta llegar al tercer ventrículo y al quiste. Puede implicar una transgresión cerebral ligeramente mayor que la vía transcallosa.
    Los abordajes microquirúrgicos abiertos generalmente permiten una eliminación más completa de la pared del quiste, minimizando en teoría el riesgo de recurrencia, pero implican una exposición quirúrgica más extensa y un riesgo potencialmente mayor de complicaciones relacionadas con la retracción o disección cerebral en comparación con los enfoques netamente endoscópicos [4]. La elección entre endoscopia y microcirugía abierta depende del tamaño y las características del quiste, la experiencia y las preferencias del cirujano, así como de los factores del paciente.
  • Aspiración Estereotáxica: Uso de guía de imágenes para colocar una aguja en el quiste y aspirar su contenido sin visualización directa ni extracción de la pared. Hoy se usa rara vez como tratamiento definitivo principal debido a tasas muy altas de recurrencia (~50% o más), ya que se deja atrás el revestimiento epitelial secretor. Solo podría considerarse como medida temporal o en pacientes a los que se considere no aptos para una cirugía endoscópica o abierta más definitiva [15].
  • Derivación del LCR (Shunt Ventriculoperitoneal [DVP]): La colocación de un sistema de derivación para drenar el exceso de LCR de los ventrículos laterales a otra cavidad corporal (normalmente el peritoneo) puede tratar eficazmente la hidrocefalia causada por el quiste. No obstante, no trata el quiste en sí ni elimina el riesgo de muerte súbita por el agrandamiento o el bloqueo agudo del quiste. La derivación se reserva habitualmente solo a los pacientes que no son buenos candidatos quirúrgicos para la resección del quiste o como medida provisional antes de una cirugía definitiva [12].

La resección quirúrgica, en especial orientada a la extirpación completa a través de técnicas endoscópicas o microquirúrgicas a manos de neurocirujanos experimentados, ofrece las mejores posibilidades de curación a largo plazo y la resolución de los síntomas. Las tasas de éxito para el alivio sintomático y de la hidrocefalia son elevadas (>90%) en manos expertas. No obstante, la cirugía conlleva riesgos potenciales que incluyen el daño a estructuras críticas cercanas como los fórnices (circuitos de memoria), el tálamo, el hipotálamo, las venas cerebrales internas (riesgo de infarto venoso), así como riesgos quirúrgicos generales tales como hemorragia, infección (meningitis, ventriculitis), convulsiones o fuga de LCR. Las tasas descritas de complicaciones graves en los centros especializados suelen ser bajas (por ejemplo, <5-10%) [7].

warning icon ¡Atención! Aunque son benignos, los quistes coloides pueden causar problemas neurológicos graves, incluyendo un rápido deterioro debido a la hidrocefalia aguda. Los síntomas como los dolores de cabeza graves, intermitentes o posturales, alteraciones visuales, problemas de marcha o colapso repentino requieren una pronta evaluación médica, que incluye neuroimagen. Las decisiones de manejo deben tomarse consultando con neurólogos y neurocirujanos experimentados.

Referencias

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