Complicaciones oftálmicas de las enfermedades inflamatorias de la cavidad nasal y los senos paranasales
Complicaciones oftálmicas de la inflamación nasal y de los senos paranasales
Las enfermedades inflamatorias que afectan la cavidad nasal y los senos paranasales, principalmente la sinusitis aguda y crónica, representan un riesgo significativo de desarrollar graves complicaciones oftálmicas (relacionadas con los ojos) y, posteriormente, intracraneales [1]. Estas complicaciones surgen debido a la estrecha proximidad anatómica y a los sistemas interconectados de drenaje vascular y linfático entre los senos paranasales y la órbita (la cavidad ósea que contiene el ojo y sus estructuras asociadas). Tales complicaciones pueden provocar resultados graves, que incluyen pérdida permanente de visión, parálisis de los nervios craneales que causan visión doble, meningitis, absceso epidural o subdural, absceso cerebral, trombosis del seno cavernoso y, aunque es raro con el tratamiento moderno, mortalidad [2].
La órbita está recubierta en gran medida por los senos paranasales: las celdillas etmoidales medialmente, el seno maxilar inferiormente, el seno frontal superiormente y el seno esfenoidal postero-medialmente. Las paredes óseas que separan estas estructuras a menudo son notablemente delgadas. La lámina papirácea, que forma la pared orbitaria medial adyacente a las celdillas aéreas etmoidales, es particularmente delgada (como el papel) y puede poseer dehiscencias (fisuras) naturales o ser susceptible a la erosión por infección o inflamación. De manera similar, el suelo orbitario (techo del seno maxilar) puede ser delgado y romperse fácilmente.
Posteriormente, el seno esfenoidal y las celdillas etmoidales posteriores se encuentran en estrecha proximidad con el canal óptico (que transmite el nervio óptico - NC II, y la arteria oftálmica) y la región del vértice orbitario / fisura orbitaria superior. La inflamación o las masas (como los mucoceles) en estos senos pueden comprimir o inflamar directamente el nervio óptico, provocando neuropatía óptica y pérdida de visión. La fisura orbitaria superior transmite estructuras cruciales que incluyen el nervio oculomotor (NC III), nervio troclear (NC IV), nervio abducens (NC VI) y ramas del nervio trigémino (NC V1 - división oftálmica). La inflamación o compresión en esta región puede causar oftalmoplejía (deterioro del movimiento ocular), diplopía (visión doble), ptosis (NC III) y entumecimiento facial (NC V1). Los defectos óseos congénitos (dehiscencias) en estas paredes facilitan aún más la propagación de infecciones o inflamaciones [3].
Más allá de la extensión directa a través de hueso delgado o dehiscente, la infección se propaga fácilmente a través del sistema venoso sin válvulas que conecta los senos paranasales, la cara y la órbita. Las venas que drenan los senos paranasales (p. ej., venas etmoidales, venas diploicas frontales) se comunican libremente con las venas orbitarias (venas oftálmicas superior e inferior), que a su vez drenan posteriormente en el seno cavernoso. Esta red sin válvulas permite que la tromboflebitis (inflamación y coagulación de las venas) que se origina en los senos paranasales se propague fácilmente de forma retrógrada a la órbita (causando congestión orbitaria e inflamación) y, potencialmente, de forma intracraneal, provocando trombosis del seno cavernoso, una emergencia potencialmente mortal. Las vías de drenaje linfático también interconectan estas regiones. Los nervios y las arterias, como los haces neurovasculares etmoidales anterior y posterior que pasan a través de los agujeros en la pared orbitaria medial, proporcionan posibles vías adicionales para la propagación inflamatoria.
Las complicaciones oftálmicas de la sinusitis se clasifican comúnmente según la clasificación de Chandler, basada en la extensión anatómica de la afectación [4]:
- Grupo 1: Edema inflamatorio (Celulitis preseptal / Celulitis periorbitaria): Inflamación y edema confinados a los tejidos anteriores al tabique orbitario (párpados y piel periorbitaria). El tabique orbitario es una membrana fibrosa que actúa como barrera. Se caracteriza por hinchazón y enrojecimiento de los párpados, pero es crucial destacar que la agudeza visual, las reacciones pupilares y los movimientos oculares suelen ser normales, y no hay proptosis.
- Grupo 2: Celulitis orbitaria: La infección se propaga por detrás del tabique orbitario, afectando el contenido orbitario (grasa y músculos). Se presenta con edema y eritema de párpados ADEMÁS de signos orbitarios: proptosis (ojo saltón), quemosis (hinchazón conjuntival), dolor y, a menudo, movimientos oculares restringidos y/o dolorosos (oftalmoplejía). La visión puede verse afectada debido a la inflamación o congestión del nervio óptico.
- Grupo 3: Absceso subperióstico: Se forma una acumulación de pus entre una pared ósea orbitaria y su periostio suprayacente (revestimiento). Ocurre con mayor frecuencia a lo largo de la pared medial (lámina papirácea) adyacente a los senos etmoidales infectados. Causa proptosis significativa, desplazamiento del globo ocular (a menudo hacia abajo y hacia afuera), movimientos oculares restringidos, dolor y posible compromiso de la visión debido a la presión.
- Grupo 4: Absceso orbitario: Se forma una acumulación aislada de pus *dentro* de la propia grasa/tejidos orbitarios, por detrás del tabique y no confinada por el periostio. Se presenta de forma similar a la celulitis orbitaria grave, pero a menudo con proptosis más marcada, oftalmoplejía grave y un mayor riesgo de pérdida rápida de la visión debido a la compresión directa o isquemia del nervio óptico.
- Grupo 5: Trombosis del seno cavernoso: Propagación de la infección/tromboflebitis posteriormente al seno cavernoso. Se presenta con signos orbitarios potencialmente bilaterales (aunque a menudo comienzan unilateralmente y progresan), cefalea intensa, fiebre alta/sepsis, proptosis marcada, quemosis, oftalmoplejía completa o casi completa (múltiples parálisis de nervios craneales III, IV, VI), pérdida sensorial en la distribución V1/V2, disminución de la visión y potencialmente alteración del estado mental o signos de meningitis/infección intracraneal. Esta es una emergencia neurológica y oftalmológica crítica.
Las complicaciones no infecciosas incluyen efectos mecánicos por la expansión de lesiones sinusales benignas:
- Mucocele/Piocele: La obstrucción de un ostium sinusal conduce a la acumulación gradual de moco estéril (mucocele) o pus infectado (piocele) dentro de la cavidad sinusal. La expansión gradual erosiona el hueso y desplaza el contenido orbitario, causando proptosis, diplopía o dolor. Más común en los senos frontales y etmoidales.
- Tumores óseos: Los tumores benignos (p. ej., osteoma, displasia fibrosa) o malignos que se originan en los senos paranasales o la cavidad nasal pueden invadir la órbita, causando síntomas de efecto de masa similares.
El deterioro visual también puede surgir de la neuritis óptica (inflamación del nervio óptico) secundaria a una enfermedad de los senos paranasales adyacentes (especialmente sinusitis esfenoidal o etmoidal posterior). Esto puede ocurrir por propagación directa de la inflamación a través del canal óptico, compresión por mucoceles/pioceles o inflamación, o posiblemente mecanismos isquémicos o inmunomediados, a veces incluso sin signos evidentes de celulitis orbitaria [5].
Las complicaciones se asocian con mayor frecuencia a la sinusitis etmoidal (especialmente por causar un absceso subperióstico medial) y a la sinusitis frontal debido a su extenso contacto con la órbita y a sus delgadas paredes separadoras. Las exacerbaciones agudas de la sinusitis crónica son desencadenantes frecuentes de la afectación orbitaria.
La sinusitis frontal aguda puede provocar la formación de un absceso subperióstico superior o superomedial por debajo del techo orbitario. Por lo general, esto causa una inflamación y eritema significativos en el párpado superior, desplazamiento del globo ocular hacia abajo y hacia afuera (proptosis) y limitación de la mirada hacia arriba.
La sinusitis frontal crónica puede causar en ocasiones periostitis crónica (inflamación del revestimiento óseo) del reborde orbitario o de las paredes de los senos paranasales, presentándose como sensibilidad localizada e inflamación persistente de los tejidos blandos. El tumor hinchado de Pott se refiere específicamente a la inflamación sobre el hueso frontal debido a una sinusitis frontal subyacente con formación de abscesos subperiósticos asociados en la tabla externa del cráneo.
La sinusitis maxilar causa complicaciones orbitarias con menos frecuencia en comparación con la enfermedad etmoidal o frontal. Sin embargo, las infecciones graves pueden erosionar el delgado piso orbitario (techo del seno maxilar), lo que podría provocar un absceso subperióstico inferior, celulitis orbitaria o, rara vez, flemón orbitario (inflamación difusa y grave sin un absceso aislado). Las infecciones dentales también pueden extenderse hacia arriba en el seno maxilar y luego a la órbita.
La sinusitis etmoidal es una fuente muy común de complicaciones orbitarias, especialmente en los niños, debido a la delgadez de la lámina papirácea y al hecho de que los senos etmoidales se desarrollan antes que los senos frontales. El absceso subperióstico medial es la complicación clásica derivada de la etmoiditis.
La inflamación que involucra los senos posteriores (esfenoidal y etmoidal posterior) conlleva un riesgo particularmente alto de complicaciones graves debido a la proximidad directa con el nervio óptico, el seno cavernoso, la glándula pituitaria y las estructuras intracraneales. La celulitis orbitaria que se origina posteriormente es común. La trombosis del seno cavernoso y la meningitis son secuelas relativamente más frecuentes en comparación con las complicaciones derivadas únicamente de la sinusitis anterior. Las alteraciones visuales funcionales también son más frecuentes y preocupantes:
- Disminución de la agudeza visual (debido a compresión del nervio óptico, inflamación o isquemia).
- Constricción o defectos en el campo visual (p. ej., escotoma central, defecto altitudinal).
- Agrandamiento del punto ciego fisiológico (escotoma) o desarrollo de escotomas centrales/paracentrales en pruebas formales.
- Defecto pupilar aferente (pupila de Marcus Gunn) que indica neuropatía óptica.
Diagnóstico de complicaciones oftálmicas por sinusitis
El diagnóstico rápido es fundamental para prevenir la pérdida permanente de visión y la propagación intracraneal potencialmente mortal. El diagnóstico se basa en una combinación de evaluación clínica (antecedentes y examen físico, que incluye una evaluación oftalmológica y rinológica detallada) y estudios de imágenes específicos.
Diagnóstico diferencial de la inflamación/hinchazón orbitaria
| Afección | Características principales / Puntos distintivos | Hallazgos típicos de imagen / laboratorio |
|---|---|---|
| Complicación orbitaria de la sinusitis (Celulitis, Absceso subperióstico/orbitario) | Antecedentes/signos de sinusitis (a menudo aguda). Proptosis, dolor con el movimiento de los ojos (oftalmoplejía), +/- visión disminuida, quemosis, edema/eritema de los párpados. Fiebre común. Usualmente unilateral. | La TC/RM muestra opacificación sinusal +/- erosión ósea. Los hallazgos orbitarios dependen del estadio: trabeculación de la grasa (celulitis), colección que desplaza el periostio (SPA), colección intraorbitaria con realce en anillo (OA). Glóbulos blancos elevados, VSG/PCR. |
| Celulitis preseptal | Infección/inflamación estrictamente *anterior* al tabique orbitario. Edema del párpado, eritema, calor, sensibilidad. Crucialmente: SIN proptosis, SIN dolor con el movimiento de los ojos, visión normal, pupilas normales. A menudo por una herida/infección cutánea local (picadura de insecto, orzuelo) o propagación desde una sinusitis. | Diagnóstico principalmente clínico. Las imágenes (TC/RM) si son necesarias muestran inflamación de los tejidos blandos del párpado/periorbitario anterior al tabique, contenido orbitario *normal* posteriormente. |
| Síndrome inflamatorio orbitario idiopático (IOIS / Pseudotumor orbitario) | Inicio agudo/subagudo doloroso, proptosis, movimientos oculares restringidos, hinchazón/eritema del párpado. Puede imitar una infección, pero a menudo se presenta sin fiebre o con fiebre baja. Puede afectar la glándula lagrimal, los músculos extraoculares (incluyendo tendones), la grasa orbitaria de forma difusa, la esclerótica (escleritis). Puede ser bilateral (~30%). | La RM/TC muestra agrandamiento y realce de las estructuras orbitarias involucradas (músculos *incluidos los tendones*, glándula lagrimal, trabeculación difusa de la grasa, engrosamiento escleral). Senos paranasales típicamente libres de inflamación. A menudo responde rápida y dramáticamente a altas dosis de corticosteroides. Puede ser necesaria una biopsia para casos atípicos/refractarios. |
| Oftalmopatía tiroidea (Oftalmopatía de Graves) | A menudo asociada a antecedentes de hipertiroidismo (puede ocurrir cuando es eutiroideo/hipotiroideo). Por lo general bilateral (puede ser asimétrica). Proptosis (a menudo axial), retracción del párpado (mirada fija), retraso del párpado, movimientos oculares restringidos (esp. mirada hacia arriba/abducción debido a la afectación del recto inferior/medial). Dolor mínimo por lo general, más molestias/sensación arenosa. Quemosis común. | La TC/RM muestra un agrandamiento característico del vientre del músculo extraocular, preservando los tendones. El aumento del volumen de la grasa orbitaria es común. Las pruebas de función tiroidea a menudo son anormales. Anticuerpos TRAb a menudo positivos. |
| Tumor orbitario (p. ej., linfoma, metástasis, rabdomiosarcoma [niño], tumor de la glándula lagrimal, glioma del nervio óptico) | A menudo de inicio más lento (excepto en algunos tumores agresivos como el rabdomiosarcoma). Progresivo, a menudo proptosis indolora, masa palpable posible, cambios en la visión (compresión/infiltración), diplopía. Los síntomas sistémicos dependen del tipo (linfoma, metástasis). | La TC/RM muestra una masa delimitada, las características dependen del tipo de tumor (el linfoma a menudo se amolda a las estructuras, las metástasis pueden estar en cualquier parte, el glioma agranda el nervio óptico). Realce variable, posible destrucción ósea. Se requiere biopsia para el diagnóstico. Es necesario un examen sistémico completo para metástasis/linfoma. |
| Trombosis del seno cavernoso (séptica) | Enfermedad grave y aguda. Dolor de cabeza, fiebre alta, signos orbitarios potencialmente bilaterales (proptosis, quemosis, oftalmoplejía), parálisis de múltiples nervios craneales (III, IV, VI, V1/V2), disminución de la visión. A menudo aspecto séptico, estado mental alterado. | MRV/CTV confirma trombo/ausencia de flujo en el/los seno(s) cavernoso(s). La RM puede mostrar agrandamiento de los senos paranasales, defectos de llenado, realce anormal. A menudo secundaria a una infección dental, de los senos paranasales o facial central. Hemocultivos frecuentemente positivos. |
| Fístula carótido-cavernosa (FCC) | Conexión anormal entre la arteria carótida y el seno cavernoso. A menudo postraumática (flujo alto) o espontánea (dural, flujo bajo). Proptosis pulsátil, soplo orbitario (zumbido audible), quemosis e inyección marcadas ("ojo rojo"), vasos conjuntivales en sacacorchos dilatados, oftalmoplejía, aumento de la presión intraocular, +/- pérdida de visión. | La RM/ARM/ATC muestra vena oftálmica superior dilatada, seno cavernoso agrandado con señal relacionada con el flujo. La angiografía por sustracción digital (ASD) es el estándar de oro para el diagnóstico, clasificación y planificación del tratamiento (embolización). |
| Dacrioadenitis / Dacriocistitis | Dacrioadenitis: Inflamación/infección de la glándula lagrimal (órbita superotemporal). Dolor, hinchazón, enrojecimiento, sensibilidad en la región externa del párpado superior, ptosis en forma de S. Dacriocistitis: Infección del saco lagrimal (canto medial, inferior al tendón cantal medial). Dolor, enrojecimiento, hinchazón sobre el saco lagrimal, lagrimeo, +/- secreción de pus por el punto lagrimal al presionar. | El diagnóstico clínico suele ser suficiente. La TC/RM confirma el agrandamiento/realce de la glándula lagrimal (dacrioadenitis) o la distensión/inflamación/absceso del saco lagrimal (dacriocistitis). Ubicaciones distintas a las típicas complicaciones de la sinusitis. |
| Traumatismo orbitario con hematoma/fractura (relacionado con el Traumatismo craneoencefálico) | Antecedentes de traumatismo directo. Moretones periorbitarios (equimosis), hinchazón, dolor, movimiento restringido (atrapamiento muscular en fractura por estallido), diplopía, +/- proptosis (hematoma), enoftalmos (fractura por estallido). | La TC de la órbita es el estudio de elección, muestra fracturas (especialmente en el suelo/pared medial), atrapamiento muscular, hematoma retrobulbar. Por lo general, no hay signos de infección (a menos que la fractura sea abierta/compuesta). |
Las técnicas de neuroimagen, como la Resonancia Magnética (RM), desempeñan un papel crucial en la evaluación de posibles complicaciones orbitarias e intracraneales derivadas de la inflamación de la cavidad nasal y los senos paranasales.
Evaluación clínica:
- Historia: Obtener una historia detallada de síntomas de sinusitis reciente o crónica (dolor/presión facial, congestión/secreción nasal purulenta, anosmia, fiebre, dolor de cabeza), cirugía previa de senos paranasales o traumatismo. Documentar la aparición, la duración y la progresión de los síntomas orbitales (dolor, hinchazón, enrojecimiento, cambios en la visión, visión borrosa, visión doble, pérdida de campo, dolor con el movimiento) y los síntomas sistémicos asociados (fieber, malestar general).
- Examen oftalmológico: Es crucial para la estadificación y el seguimiento. Incluye:
- Pruebas de agudeza visual (corregida).
- Examen de las pupilas (tamaño, reactividad, comprobación del defecto pupilar aferente relativo, o pupila de Marcus Gunn, lo que indica neuropatía óptica).
- Evaluación del campo visual (pruebas de confrontación junto a la cama, perimetría formal si es posible).
- Evaluación de los movimientos extraoculares (comprobación de limitaciones, dolor con el movimiento, oftalmoplejía).
- Evaluación de la proptosis (abultamiento del ojo hacia adelante, medido con el exoftalmómetro con respecto al borde orbital lateral).
- Examen externo de los párpados (edema, eritema, calor) y conjuntiva (inyección, quemosis o inflamación).
- Medición de la presión intraocular (puede estar elevada debido a la congestión orbital).
- Examen con lámpara de hendidura (segmento anterior).
- Examen del fondo de ojo con la pupila dilatada (para evaluar si hay hinchazón o papiledema del disco óptico o palidez y atrofia, revisar la ingurgitación venosa de la retina, pliegues coroideos o signos de oclusión de la vena central de la retina).
- Examen rinológico: Endoscopia nasal a cargo de un otorrinolaringólogo para evaluar la fosa nasal, los cornetes, el tabique nasal, identificar secreciones purulentas en los orificios sinusales, pólipos nasales o factores anatómicos que propicien la aparición de sinusitis. Pueden obtenerse cultivos del drenaje purulento.
- Examen general: Evaluar si hay fiebre, signos de sepsis (taquicardia, hipotensión), estado mental alterado, rigidez en el cuello (meningismo) o déficits neurológicos focales que sugieran afectación intracraneal (lo que requiere una prueba urgente de neuroimagen).
Estudios de imagen:
- Tomografía computarizada con contraste de las órbitas y los senos paranasales: suele ser la modalidad de imágenes de primera elección en la situación aguda, sobre todo si se sospecha la presencia de un absceso orbital [8]. Sus ventajas son su rapidez de realización, la amplia disponibilidad y la excelente visualización de:
- Anatomía ósea: opacificación de los senos paranasales, nivel hidroaéreo, desgaste de los huesos o dehiscencias (p. ej., de la lámina papirácea).
- Complicaciones orbitales: afectación preseptal frente a afectación orbital, trabeculación de grasa (celulitis orbital), acumulación de líquidos subperiósticos, colecciones intraorbitales bien definidas y que realzan en anillo (absceso).
- Extensión de la enfermedad de los senos paranasales.
- La resonancia magnética (RM) de las órbitas y el cerebro con contraste de gadolinio: La RM ofrece un magnífico contraste para los tejidos blandos y, con frecuencia, es un estudio que complementa al escáner por TC. En ocasiones, puede tener prioridad sobre la TC cuando resulta confuso y surgen serias dudas acerca de posibles complicaciones intracraneales o al investigar regiones determinadas del cuerpo (como el nervio óptico o el seno cavernoso) [9]. Presenta las siguientes ventajas:
- Permite una discriminación visual óptima de un flemón (inflamación extendida/celulitis) en comparación con abscesos purulentos encapsulados listos para drenar.
- Logra una visualización extraordinaria ante afectaciones en el nervio óptico (como la neuritis).
- Presenta una extraordinaria eficacia cuando se intenta detectar pronto las complicaciones que aparecen dentro del cráneo como meningitis (realce leptomeníngeo), empiemas a nivel peridural/subdural y absceso cerebral.
- Contribuye notablemente a los estudios ante la presunta implicación del seno cavernoso, ya sea para estudiar cuadros trombóticos o una respuesta inflamatoria: se conjuga con técnicas de Resonancia Magnética Venosa (MRV por sus siglas en inglés).
- La imagen ponderada por difusión (DWI, por sus siglas en inglés) destaca su asombrosa capacidad ante el rastreo y reconocimiento por falta de difusión alrededor de áreas compuestas por agrupaciones bacterianas y restos necróticos, reconfirmando la génesis y materia supurante propia de una invasión tipo purulenta.
- Fotografía del fondo del ojo: Sirve para documentar con exactitud detalles del nervio óptico, prestando suma atención para determinar su palidez e inflamación, permitiendo hacer estudios prospectivos sobre las afectaciones que acontecieron por problemas.
- Las pruebas por ultrasonidos en órbitas en modalidades de modo B: Asumen un papel muy acotado en torno al diagnóstico. Únicamente reportarán ciertos líquidos retenidos situados anterior a las bolsas grasas que resguardan los músculos extraoculares.
Los hallazgos clínicos guían la interpretación. El dolor orbital agravado por el movimiento ocular indica claramente la participación postseptal (celulitis orbital/absceso). Los trastornos de la visión (agudeza visual disminuida, DPAR o cambios en los colores u ocultamiento de determinadas visiones en algunos lugares en particular) constituyen señales y evidencias rotundas en torno a problemas incipientes manifestados y representados con amenazas de pérdida de vista y se erigen en un síntoma con una alta preponderancia, exigiendo una intercesión o evaluación especializada pronta e inmediata. El exoftalmos y parálisis extraocular (Oftalmoplejia), reflejan una alteración originada a expensas de aumento y alteración tisular generada desde procesos tipo expansivos (o aumentos de volúmenes) que generan gran presión intraorbital.
Un intento terapéutico y/o diagnóstico implementando una descongestión agresiva mediante un recurso tópico sobre la fosa nasal lograría resultar ser clarificador si llegase a presumir indicios por presión o por complicaciones que desencadenen alteraciones visuales por neuritis del nervio óptico vinculados o causadas por afecciones propias en torno al seno posterior o etmoidal/esfenoidal. Impregnar tampones o tiras tipo compresas de algodón, bañados con concentrados provistos por alguna sustancia descongestionante de aplicación local, como la Oximetazolina, por ejemplo, que al ser depositado en la zona y dejarse actuar un tiempo de acción prudente (entre 30 hasta 60 min), lograría ejercer un impacto contrarrestando inflamaciones, disminuyendo de igual modo procesos por estasis circulatorio, para descomprimir con suerte estructuras que ejerzan o tengan potencial compresivo hacia la vía óptica del sistema nervioso central o el nervio óptico per se. Constatar un proceso de alivio transitorio, en cuanto al registro formal e informando a favor de mejorías sobre los reportes obtenidos a nivel del grado o poder que posee el sentido visual con base al grado de color o al nivel de exactitud visual en los sujetos (Agudeza Visual) posteriormente de habérsele suministrado de manera terapéutica dicho protocolo, aportará sugerencias o validará las opciones vinculadas a reversiones sobre el grado de presión debido a edemas circundantes al nervio originado de factores sinusales inflamatorios u obstructivos. Esto es un método complementario; se requiere sí o sí un exhaustivo y completo control, y valoración clínica y radiológica o imagenológica a cargo de un médico especialista.
Tratamiento de complicaciones oftálmicas por sinusitis
El manejo requiere el inicio rápido del tratamiento, generalmente requiriendo hospitalización y, a menudo, un enfoque de equipo multidisciplinario (Otorrinolaringología, Oftalmología, potencialmente Neurocirugía, Enfermedades Infecciosas, Radiología). Los objetivos del tratamiento son erradicar la infección, descomprimir la órbita y el nervio óptico si la visión está amenazada, prevenir las complicaciones intracraneales y restaurar la función de los senos paranasales.
- Tratamiento médico:
- Antibióticos: Los antibióticos intravenosos (IV) de amplio espectro en dosis altas son la piedra angular del tratamiento para todas las sospechas de complicaciones orbitarias infecciosas (la celulitis orbitaria y otras patologías similares requieren el ingreso hospitalario y la utilización del tipo de tratamiento vía intravenosa; la celulitis preseptal a veces puede manejarse en modo de paciente de ambulatorio empleando un antibiótico oral, condicionado siempre a niveles en cuanto a severidad menores, siendo esto posible de contemplarse con estricta valoración continua o recurrente, y asumiendo una valoración especial y de hospitalización ante eventualidades con casos y presentaciones clínicas desarrolladas en población pediátrica, dado el altísimo factor e impacto a considerar en torno a los aspectos de vulnerabilidad a dicho estrato demográfico) [2, 10].
- La terapia empírica inicial debe cubrir los patógenos de los senos paranasales habituales (Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae, Moraxella catarrhalis, Staphylococcus aureus, estreptococos alfa hemolíticos, anaerobios).
- Los regímenes comunes incluyen: vancomicina (para brindar cobertura ante cuadros o aislamientos posibles causados por bacterias con altas tasas de mutación y resistencia a Meticilina, considerando o proyectándose en niveles a tomar cada día de mayor impacto preventivo ante la cada vez más grande preocupación general del área o sector epidemiológico). A DICHO antibiótico se SUMAN antibióticos del grupo Betalactámico, pudiéndose mencionar exponentes para este accionar terapéutico a las opciones de Ceftriaxona o a la Cefotaxima, u opciones constituidas por ampicilina que integra sulbactam, así también, alternativas con combinaciones como la formada por Piperacilina más tazobactam.
- El metronidazol se asocia comúnmente para combatir y controlar probables cuadros por desarrollo por bacterias anaeróbicas, lo cual se sospecha habitualmente ante un antecedente previo muy arraigado o un foco persistente por sinusitis (de tipo crónico prolongado) y de procedencias y vinculaciones dentales u odontológicas en particular.
- Las estrategias antibacterianas serán establecidas siempre y bajo un contexto y consideraciones dependientes bajo variables e indicadores a preveer como lo serán siempre las concernientes a las vinculadas en cuanto a las diferentes etapas biológicas de vida manifestadas con datos por edades asociadas, a su vez asumiendo consideraciones y estadísticas puntuales de impacto respecto a niveles regionales asociados por procesos con cuadros mutagénicos y resistencia. Del mismo modo, resulta valioso asumir un factor y cuidado si la situación aconteció e inició como casos dados por internaciones hospitalarias (infección nosocomial u origen por la temible pseudomonas), exigiendo abordajes precisos por deficiencias de tipo inmunitario inherentes por patologías preestablecidas por parte del paciente.
- La estrategia vinculada al suministro antibacteriano debe ceñirse con posterioridad con carácter excluyente ante eventualidades con la confirmación provenientes por resultados tras confirmaciones mediante test y registros basados en el rastreo biológico (cultivo) generados en la sangre y demás muestras de zonas comprometidas o colecciones y muestras aisladas que conforman el absceso, una vez este lograse ser interceptado.
- Los tiempos asociados de tratamiento por suministro farmacológico antibiótico para casos agudos presentan requerimientos extendidos abarcando márgenes de duración para rangos por un control en promedio alrededor de dos (2) a cuatro (4) semanas. La pauta terapéutica suele incorporar con un esquema por transición a un empleo farmacológico formulado por vía tipo ambulatoria (oral) solo en la oportunidad que arroja evidencias claras en torno a notorias y fehacientes señales e indicaciones de progresos evidenciables y control total. En todos los escenarios una estricta monitorización resultaría clave y factor primordial por parte de su médico encargado del proceso que abarque valoraciones exhaustivas mediante seguimiento periódico en función a análisis sobre el estado, respuestas curativas e investigaciones logradas apoyadas mediante controles logrados por toma de imágenes especializadas.
- Descongestionantes nasales: Los vasoconstrictores tópicos (p. ej., oximetazolina) deben usarse únicamente entre 3 a 5 días para evitar un factor reflejo o condición dada por efecto rebote. Los descongestionantes sistémicos (p. ej., pseudoefedrina) asumen a veces beneficios limitados pero requieren extremas y minuciosas precauciones (efectos secundarios). Los lavados nasales resultan efectivos y propician y contribuyen al destape o eliminación al facilitar el drenaje mediante el desplazamiento sobre retenciones causadas por las mucosidades que obstruyen al aparato nasal y nasosinusal.
- Corticosteroides: La función dada y empleada bajo un soporte del empleo basado a través de corticosteroides de orden sistémico o intravenoso o en presentación por vía oral, tal como puede referenciarse a las elaboraciones y productos a partir de dexametasona, sigue envuelto hasta ahora en amplios escenarios sujetos y dominados a intensos, enérgicos y nutridos debates e intensas discrepancias al seno y entorno e intercambios intercolegiales propios sobre su comunidad médica científica. Estas disposiciones en su gran parte y mayoritariamente se encuentran asignadas ante un enfoque y control al tratar complicaciones visuales e inflamatorias severas ante situaciones emergentes originadas por causa de lesiones asociadas en relación o sobre su afección que involucran daños graves para un cuadro o procesos originados de la neuropatía del tipo óptica; e igualmente de gran impacto, ante edematizaciones o tumefacciones desmesuradas surgidas y generadas que envuelven el entorno orbital. Se recurrirá siempre a su suministro tras implementarse la adopción primaria e imprescindible implementando terapias que empleen o integren amplios rangos y variaciones por coberturas antibióticas e integraciones de intervenciones operatorias quirúrgicas de manera conjunta para establecer el vaciamiento o purgas generadas (limpiezas por evacuaciones a causas de retenciones infecciosas originadas al tejido). Tienen un objetivo directo para contener niveles originados por afecciones de carácter inflamatorio e igualmente impactar al factor y control generado por el surgimiento del tejido edematoso originado o presentado producto por sus factores concomitantes relacionados; sin embargo, al adoptarse pueden ocultar e interceder negativamente frente a reacciones producto o causa y consecuencias proveniente ante deterioros de la enfermedad base asociada (sepsis) e incidir encubriendo síntomas, además, causar retrasos para las tareas referenciadas o asociadas frente al oportuno accionar requeridos por exploraciones y detecciones relativas que demandarían su localización certera a un eventual acúmulo patógeno (absceso); asume el factor restrictivo absoluto a su contraindicación y su proscripción de rigor y excluyente bajo fuertes presunciones clínicas causadas e incidencias dadas con infecciones atribuidas a problemas fungicos (hongos). Estas valoraciones se establecen mediante valoraciones exclusivas a través del consejo provistos a nivel por los profesionales especializados en estas disciplinas (interconsulta médica colegiada) [11].
- Control del dolor: Analgésicos según sea necesario.
- Antibióticos: Los antibióticos intravenosos (IV) de amplio espectro en dosis altas son la piedra angular del tratamiento para todas las sospechas de complicaciones orbitarias infecciosas (la celulitis orbitaria y otras patologías similares requieren el ingreso hospitalario y la utilización del tipo de tratamiento vía intravenosa; la celulitis preseptal a veces puede manejarse en modo de paciente de ambulatorio empleando un antibiótico oral, condicionado siempre a niveles en cuanto a severidad menores, siendo esto posible de contemplarse con estricta valoración continua o recurrente, y asumiendo una valoración especial y de hospitalización ante eventualidades con casos y presentaciones clínicas desarrolladas en población pediátrica, dado el altísimo factor e impacto a considerar en torno a los aspectos de vulnerabilidad a dicho estrato demográfico) [2, 10].
- Intervención quirúrgica: A menudo es necesaria y urgente, especialmente en el caso de complicaciones más allá de la simple celulitis orbitaria o si la visión está comprometida [12]. Las principales indicaciones incluyen:
- Presencia de un absceso subperióstico u orbitario drenable confirmado en las imágenes.
- Falta de mejoría clínica (fiebre, signos orbitarios) dentro de las 24-48 horas posteriores al inicio de los antibióticos intravenosos adecuados.
- Cualquier empeoramiento de la visión (agudeza visual, percepción del color, desarrollo del defecto pupilar aferente relativo, o DPAR) o persistencia de una deficiencia visual a pesar de la terapia médica.
- Proptosis significativa que provoca el estiramiento del nervio óptico o el progreso hacia una queratitis patológica producida por un nivel intenso e impacto a un nivel desmesurado y descontrolado debido al desecamiento ocasionado ante dicha sobreexposición ocular.
- Oftalmoplejía marcada que sugiere y presume un elevado riesgo asociado producto de incrementos sobre presiones generadas en dicho punto espacial compartimental y ocular.
- Sospecha de sinusitis de carácter bacteriana anaeróbica de tipo destructiva o por componente infeccioso a raíz proveniente desde especies del orden fúngico (lo cual requiere la necesidad para someter al individuo paciente bajo protocolos asociados o intervencionistas por medio o referidas por vías dirigidas o procesos denominados intervenciones o procedimientos tipo debridación).
- Presencia de complicaciones intracraneales (requiere de la intervención del área competente o de la especialización dada por la participación e involucramiento ineludible bajo dictámenes mediante intervenciones vinculadas u originadas y guiadas de forma contundente bajo las ramas médicas encargadas de los sistemas por cirugías al neuroeje e incidiendo o participando el sector provisto y ofrecido por la neurocirugía).
- Cirugía endoscópica de los senos paranasales (CENS): El abordaje principal para la mayoría de los casos en la actualidad. Permite la visualización directa y el drenaje de los senos infectados (etmoidectomía, antrostomía maxilar, sinusotomía frontal a través de los procedimientos de Draf, esfenoidotomía) y el drenaje de la mayoría de los abscesos subperiósticos mediales o inferiores mediante la extirpación cuidadosa de la lámina papirácea o el hueso del suelo orbitario que recubre la acumulación. Los cultivos se toman directamente de los senos paranasales y de la cavidad del absceso.
- Abordajes externos: Pueden ser necesarios para abscesos inaccesibles por vía endoscópica o si la CENS fracasa. Los ejemplos incluyen:
- Incisión de Lynch (ceja medial) para abscesos subperiósticos mediales/superiores.
- Abordaje transcaruncular (canto medial) para acceso medial.
- Abordaje subciliar o transconjuntival para el suelo orbitario/abscesos inferiores.
- Orbitotomía lateral para abscesos laterales.
- Abordajes frontoetmoidectomía externos (menos frecuentes en la actualidad).
- En ocasiones pueden ser necesarios abordajes combinados endoscópicos y externos.
Notas de manejo específicas:
- Celulitis preseptal: Suele tratarse de forma médica (a menudo con antibióticos orales de forma ambulatoria si es leve, por vía intravenosa si es grave o se trata de un niño pequeño), y la cirugía rara vez es necesaria a menos que se forme un absceso localizado en el párpado.
- Celulitis orbitaria: Requiere hospitalización, antibióticos por vía intravenosa. Es fundamental el seguimiento minucioso de la visión y de los signos orbitarios. La intervención quirúrgica (drenaje de los senos paranasales +/- exploración de la órbita) está indicada cuando no se observa una mejora en las primeras 24-48 horas o si se registra algún deterioro o decadencia progresiva ante evaluaciones que incidan y midan los reportes y calidades inherentes ante la visión del enfermo (capacidad visual global).
- Absceso subperióstico: Suele requerir tratamiento quirúrgico urgente y drenajes (por vía endoscópica o externa) de forma simultánea combinada con una asociación ineludible bajo estricto suministro inyectable con base y apoyo farmacológico de tipo y de acción general empleando y prescribiendo medicación con base de productos antibacterianos mediante terapias intravenosas. Excepcionalmente, en las conformaciones de abscesos limitados ubicados a nivel de las áreas mediales que pudiesen reportar incidencias asociadas o afectando de modo pediátrico en niños libres de toda implicación visual asociada se admitiría implementar una aproximación de estricto control (una prueba o alternativa), combinando estrecho resguardo bajo monitorizaciones exhaustivas acompañadas por la ineludible combinación con antibióticos intravenosos; no obstante a este recurso alterno que a veces y excepcionalmente lograse ejecutarse, las bases y el tratamiento de vanguardia para corregir estos cuadros establece y demanda de manera directa el procedimiento mediante actos por quirófanos para los propósitos terapéuticos establecidos en base a estándares y protocolos dictaminados de manera definitiva y normalizada en los manuales de tipo científico (intervención operatoria ineludible o impostergable).
- Absceso orbitario: Requiere ineludible y urgentemente procesos destinados y designados frente a resoluciones e intervenciones apoyadas con métodos o sistemas de base y acción por medio quirúrgico combinadas y apoyadas asumiendo medidas empleando estrategias o abordaje para aplicación mediante tratamientos y antibióticos vía venosa o sistémica (vía intravenosa).
- Trombosis del seno cavernoso: Exige el empleo con medicinas antibacterianas intravenosas o sistémicas, y estas en su conjunto han de integrar pautas asumiendo un empleo a gran dosificación, considerando una alta envergadura abarcando a probables organismos agresores con base o de foco originados de zonas circundantes y nasales o por los trayectos u orígenes faciales, y de requerirse, a su vez asumiéndose con base de las evidencias de riesgos vinculados, tratamientos de medicinas que contrarresten factores en el sistema de orden sanguíneo originados por el área de hematología vinculada o basada o conocida por prescripciones destinadas como una anticoagulación de abordaje al caso clínico presentado (aplicaciones que integrarán ineludiblemente medicinas vinculadas al abordaje mediante heparina u opciones derivadas, a pesar del acalorado nivel y discrepancias y la polémica establecida frente a la consideración entre facultativos, por ende asumiendo en todo momento meticulosos parámetros previendo consecuencias a riesgos a cuadros de tipo neurológico, muy vinculados, generados de sangrados por daños de cuadros asociados frente a episodios ante la presencia a focos con hemorragia cerebral u origen intracraneal); requiere control intensivo atacando asumiendo acciones combativas a través del tratamiento oportuno destinado o abordando causas del cuadro en un foco infeccioso origen (desenlace implementando limpieza y evacuación drenando quirúrgicamente al factor y agente o foco origen nasosinusal si fuere aplicable y dictaminado), incluyendo controles oportunos en función ante presunciones e incidencias provocadas debido al grado de riesgo preestableciendo escenarios donde pudiesen surgir complicaciones eventuales (sepsis general, cuadros severos inflamatorios asociados y originados al neuroeje (la referida como meningitis), un episodio originado por la falla y lesión vascular ocasionada que origina lesiones y un daño directo ante y mediante accidentes propios vinculados referidos originados hacia los cerebros).
- Mucoceles/pioceles: Requieren típicamente para su alivio terapéutico un accionar con técnica de extirpación, erradicación o sustracciones basadas implementando intervenciones del tipo extirpativo mediante y asumiendo resoluciones establecidas u organizadas bajo tratamientos como extirpación quirúrgica o marsupialización a través de drenajes y reorientaciones propulsando aperturas abiertas a áreas ubicadas al compartimiento adosadas, adyacentes a fosas o conductos referidas e identificados asociadas hacia y directamente de modo intervinculadas sobre los canales de fosas identificadas originadas y catalogadas hacia regiones dadas o en cavidades del tipo nasal. Todo procedimiento asume su cometido con aperturas para brindar drenado abierto y libre resolutivo o vaciamientos curativos plenos (en particular con las llamadas "intervenciones por medio o por uso de la denominada técnica endoscópica a senos y de componente nasales"). Un uso farmacológico que integre las opciones prescriptas y que logran abordar a la par frente y usando la medicina curativa enfocada mediante suministro a uso derivado de los antibióticos está completamente e irreductiblemente requerida y asociada con las opciones con intervenciones o la de tratamiento quirúrgico empleando y atacando presuntamente cuadros que involucren un componente y daño severo del orden u etiología o cuadros formados por pioceles originados de manera puntual ante estas alteraciones con implicaciones por enfermedades manifestadas.
El seguimiento estrecho de la agudeza visual, la visión de los colores, la respuesta pupilar, los movimientos de los ojos y la proptosis es esencial en todo el tratamiento para detectar cualquier deterioro de manera oportuna. Tras el alta, es necesario un seguimiento regular por parte de los servicios de oftalmología y otorrinolaringología.
¡Atención! Las complicaciones orbitarias de la sinusitis son graves y pueden provocar rápidamente una pérdida de visión permanente o infecciones intracraneales potencialmente mortales. Síntomas como hinchazón significativa de los párpados con ojos saltones (proptosis), visión doble, dolor con el movimiento de los ojos o cualquier cambio en la visión asociado con síntomas sinusales requieren evaluación médica inmediata en un entorno de urgencias.
Referencias
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- Garcia GH, et al. Criteria for surgical intervention in pediatric orbital cellulitis. J AAPOS. 2009;13(4):399-403. doi: 10.1016/j.jaapos.2009.02.013
Ver también
- Anatomía del sistema nervioso
- Infecciones del sistema nervioso central:
- Absceso cerebral (lobar, cerebeloso)
- Granuloma eosinofílico, histiocitosis de células de Langerhans (LCH), signo de Hennebert
- Absceso cerebral epidural
- Complicaciones intracraneales asociadas a sinusitis
- Complicaciones intracraneales otógenas
- Complicaciones oftálmicas asociadas a sinusitis
- Meningitis bacteriana otógena
- Absceso cerebral subdural
- Tromboflebitis supurativa del seno sigmoideo
- Quiste coloide del tercer ventrículo
- Aracnoiditis adhesiva cerebral y espinal
- Degeneración corticobasal (atrofia cerebral limitada)
- Encefalopatía
- Dolor de cabeza, migraña
- Traumatismo craneoencefálico (conmoción, contusión, hemorragia cerebral, lesión axonal difusa)
- Hipertensión intracraneal e hidrocefalia
- Enfermedad de Parkinson
- Adenoma hipofisario (microadenoma, macroadenoma y adenomas no funcionantes), síndrome de hiperprolactinemia
- Fuga espontánea de líquido cefalorraquídeo craneal (licuorrea)






